Solo en una oportunidad acepte arrojar las monedas del I Ching, un poco por cortesía con quien me encontraba en ese momento; pero decididamente por lo que me encontré en la primera hoja del libro: el poema de Borges que encabeza este blog. El I ching o libro de las mutaciones es un libro oracular, enigmático, y supone un universo regido por el principio del cambio. No me quedó ni un recuerdo de aquellos oscuros párrafos que me leyeron del libro y que resultaron señalados como efecto de una extraña combinatoria de tres monedas arrojadas. Pero el título del capítulo leído se enlazo con algo: "El andariego" y he aquí el encabezamiento de estas notas escritas en viaje. Las entradas están ordenadas por país y en orden cronológico. En el cuerpo central están los escritos realizados a medida que se avanza en el camino. A izquierda fotos del lugar, curiosidades, sucesos del viaje y anécdotas. Las páginas están ordenados por país de algunos de los cuales solo hay registro fotográfico.

Nada sobra

La puerta se abre, miran sin sorpresa, me están esperando? Me conocen? Las manos indican la mesa. La mujer saca una gran tetera, busca la leche y un poco de agua mientras su hija prende el fuego de la cocina. El Te, made in argentina, es un bloque duro, compactado que rompe con un martillo y arroja a la olla, luego un poco de sal. Mientras se espera, un refresco de leche fermentada o de yogurt a veces de leche de cabra a veces de yak, a veces de yegua a veces de camello lo que obtengan del día. Antes llegar a hervir el té está servido en un tazón y antes de estar en las manos dos cucharadas de manteca de derriten y flotan en el líquido. No hay que ser tímido al momento de estirar la mano y tomar algo de la mesa, es lo que se espera, y solo están atentos a que el tazón no se vacíe. Luego de las presentaciones acercan sus fotos familiares. Gastados álbumes, seguramente de tanto mostrar, imágenes que los presentan quietos, serios, parados como soldados sin la menor gracia, pero con orgullo. Luego pueden cantar, se acompañan por un instrumento de dos cuerdas que tocan con gran habilidad. Sin azúcar, porque la tierra no la da, sin frutas porque la tierra no la da, sin facturas porque la panadería no está, en la mesa están los platos, la comida que sus ancestros aprendieron a tomar de los animales, las plantas, el suelo el cielo. En la casa objetos que consiguen por lo que la tierra les da. Sin excedentes la vida se ordena sin la acumulación, a veces obligados porque no podrian conservar un sobrante de carne o leche; o porque tal vez solo se tiene lo que se usa. Bien podrían matar dos cabritos, ir al pueblo mas cercano venderlos y, al comprar algo decir: deme dos, o llevo esto por las dudas. Aquí no hay trastos, ni chatarra, ni porquerias, ni tacho de basura, ni cajas con olvidados objetos ni nada que no se use. Sería precipitarse concluir que carecen o son pobres. Si algo produce curiosidad y mucha, son los objetos, están pendientes, alertas de lo que pueda sacar de la mochila y preguntan sobre la funcionalidad de cada uno. Y si bien algún regalo es agradecido no dudan con gran ingenuidad rechazarlo a cambio de algo visto, prefieren un cuchillo, una vieja linterna, la manteca para los labios, un pedazo de soga. Ni el colorido bloc de hojas, ni el reloj, ni los mapas de la zona, ni una lata de cerveza, ni la remera de la argentina con el 10 en la espalda; a esta altura ese desinterés que siento infame e incomprensible me acerca a ellos. Ollas, sartenes, cocina, comida, vajillas, alacena, vasijas. Camas, ropa, zapatillas, botas, abrigos, sombreros, bolsos, carteras. Espejos, cadenas, anillos, bijou. Cuchillos, linternas, rebenques. Toallas, frazadas, almohadas, alfombras. Mesa, adornos, luz, lápices, papel, fotos, recuerdos, historia, música, canto. Televisión, dvd, celular, antenas, Viaje de egresados, Caballos, escuelas, motos, remedios. Cabras, corral, sogas, palas, Dinero, valores, cartas, correo. Algo puede faltar pero seguro nada va a sobrar