Solo en una oportunidad acepte arrojar las monedas del I Ching, un poco por cortesía con quien me encontraba en ese momento; pero decididamente por lo que me encontré en la primera hoja del libro: el poema de Borges que encabeza este blog. El I ching o libro de las mutaciones es un libro oracular, enigmático, y supone un universo regido por el principio del cambio. No me quedó ni un recuerdo de aquellos oscuros párrafos que me leyeron del libro y que resultaron señalados como efecto de una extraña combinatoria de tres monedas arrojadas. Pero el título del capítulo leído se enlazo con algo: "El andariego" y he aquí el encabezamiento de estas notas escritas en viaje. Las entradas están ordenadas por país y en orden cronológico. En el cuerpo central están los escritos realizados a medida que se avanza en el camino. A izquierda fotos del lugar, curiosidades, sucesos del viaje y anécdotas. Las páginas están ordenados por país de algunos de los cuales solo hay registro fotográfico.
Ulanbator
El avión va descendiendo lentamente, desde la ventanilla se divisan claramente suaves ondulaciones el suelo parece un terciopelo verde pero sin ninguna marca urbana. No hay caminos, ni coches, ni casas. Al dar una vuelta para aterrizar, rodea la ciudad que desde el aire se demarca con gran facilidad. Pareciera que una simple calle divide el campo de la ciudad sin transición alguna.
El “22” que sale del aeropuerto y que por 300 tugriks (unos 80centavos) llega al centro en unos pocos minutos es un primer tour. Es temprano, la ciudad todavía no se levanta pero ya se empieza de delinear en sus formas. No hay casi calles, solo avenidas entrecortadas y cuadras cada 500 o 600 metros que parecen interminables. En el centro de esas grandes manzanas edificios a los que se accede por pasillos o pequeñas callejuelas y que conectan todos los espacios.
Este formato es la herencia de 50 años de dominio soviético, edificios bajos, de cuatro o cinco pisos de construcción austera, sin ascensor, ni porteros eléctricos, ni luces, a los que se ingresa generalmente por una puerta metálica del mismo estilo que, como todas se abren hacia afuera.
Oficinas, empresas, hoteles, guesthouses, funcionan dentro. Ningún cartel alcanza para poder llegar fácilmente y hay que estar adivinando y golpeando puertas, muchas veces sin respuesta, hasta dar con el destino buscado, sin olvidarse por supuesto la linterna. Los nuevos edificios post caída del muro (muy pocos, aunque se ve que empiezan a construirse) son mas abiertos, pero sin balcones y manteniendo casi el mismo estilo.
En la calle negocios sin vidrieras, las mismas puertas que abren hacia afuera, conectan con un supermercado, una casa de electrónicos, una peluquería. Abrí tantas buscando agua que preferí un bar (con vista ¡!) para hacer un alto. En la avenida principal, las marcas conocidas de ropa, los electrónicos, el consumo, el orden. No parece Asia, es fácil moverse en colectivo o taxi, no te paran cada dos metros para venderte algo, casi que sos uno mas.
Es sin duda el resultado de la ocupación que borro todo vestigio de historia en la ciudad; solo quedaron dos monasterios, el resto fue derrumbado, asombrosamente no hay construcciones de mas de 70 u 80 años y caído el muro Ulanbatar se globalizo.
Durante esos años grandes purgas marcaron la vida de Mongolia, por los años 50, mas de veinte mil monjes, además de políticos y hombres de la cultura fueron deportados a Siberia, es decir a un par de horas de tren pero del otro lado de la frontera y la vida se rigió por el miedo. Dos museos recuerdan esos hechos y parecen aun estar presente en el recuerdo.
Estos días son muy especiales aquí, durante el mes de julio y en cada ciudad y pueblo se encuentran para el Nadam, aquí sera mañana. El Nadam es la fiesta tradicional mongola que con mucho orgullo parecen vivir con gran entusiasmo, las calles están llenas de carteles, también en ingles, avisando del encuentro. Ademas los teatros, la opera, y los museos anuncian eventos especiales por estos días.
Sera el próximo post.